El nuevo Código Civil argentino y el agua

La norma que entró en vigencia en el país el 1º de agosto del 2015 ya no establece taxativamente el acceso al agua como un derecho humano y deja abierta así la puerta a potenciales privatizaciones.
Anibal Faccendini, Catedra Libre del Agua - Universidad Nacional de Rosario, Argentina
Published: 1 year, 6 months ago (10/30/2015)
Updated: 1 year, 4 months ago (01/16/2016)

… Es completamente cierto, y así lo prueba la Historia, que en este mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una y otra vez…. Max Weber

La corriente jurídica y ambiental latinoamericana ha consagrado desde hace unos años el derecho humano al agua. Lo vemos en la resolución 64/292 de la ONU. Bolivia lo inició y lo establece en el artículo 16 inciso 3 de su Constitución. Uruguay lo hace en el artículo 47 de su carta magna, y de alguna manera también Ecuador y Venezuela. Sin embargo, en nuestro país dicho reconocimiento directo sigue sin producirse.

Desde el 1º de agosto de 2015 ha entrado en vigencia en Argentina el nuevo Código Civil y Comercial. Se ha reemplazado el artículo 241 del anteproyecto originario, que establecía que el agua era un derecho fundamental garantizado, es decir un derecho humano por el vigente artículo constitucional que establece :Cualquiera sea la jurisdicción en que se ejerzan los derechos, debe respetarse la normativa sobre presupuestos mínimos que resulte aplicable. No se refiere al agua como derecho humano, sustituido por una cuestión de competencias y de presupuestos jurídicos mínimos. Es palmario que de una cuestión sustantiva como es un derecho fundamental se lo cambió a una cuestión de meras competencias. Al no establecerlo deja la puerta abierta a las privatizaciones, pues el derecho humano fundamental al agua es inalienable, inenajenable, irrenunciable e imprescriptible, y es un bien común. Al serlo impide todo proceso de privatización. Como directamente en el nuevo código no se encuentra, ello deja abierta la puerta a potenciales privatizaciones, cuyas realizaciones dependerá de situaciones políticas pero que no tendrían ningún obstáculo jurídico futuro.

Es lamentable. Las privatizaciones han demolido bienes de vida. El agua ha sido en dichos procesos lesionada. La encíclica del Papa Francisco, Laudato Si´, nos señala que el mercado no puede ser la centralidad. La esencialidad debe ser el hombre, la vida. Agrega que el bien común esel conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección. Dejar el agua en manos del mercado es secarla. Es sumamente importante recordar que el agua es prioritaria para toda vida. Su escasez se genera por varias causas, a saber: por falta de políticas públicas de inversiones en producción y distribución del agua, por factores climáticos y por deficiencias en el uso.

En este siglo XXI, con siete mil millones de personas en la Tierra, que el agua sana como derecho humano no esté universalizada resulta toda una ignominia. Así, la consolidación de esta paradoja se cristaliza con el acuífero Guaraní, que abarca parte de Argentina y que puede abastecer de agua a setecientos veinte millones de personas. Sin embargo, en nuestro país aproximadamente siete millones de personas no acceden al agua potable y cerca de veinte millones no tienen servicio cloacal.

La lesión a este derecho fundamental continúa al traspolarlo ante el dato de que mil cien millones de personas en el mundo no tienen acceso al agua sana y que dos mil seiscientos millones de personas no acceden a los sistemas de saneamiento. Asimismo, un millón ochocientos mil niños mueren por año a raíz de infecciones transmitidas por aguas insalubres. Unicef apunta que más de 4.000 niños mueren en el planeta por día debido al problema que estamos señalando.

No obstante los últimos avances, es interesante observar el retroceso en Argentina, que en la primera mitad del siglo XX estuvo primera en la provisión de agua potable y actualmente se ubica detrás de Cuba, Colombia, Costa Rica, Uruguay, México y Chile. La situación es que un 21,60% de habitantes del país carece de agua potable y un 57,50% no tiene sistema de cloacas.

Los conflictos socioambientales reflejan ideologías, intereses, derechos, culturas y luchas por la apropiación de la naturaleza. Dicha apropiación no responde al bien común planteado por la Laudato Si´. El agua está sumergida, lamentablemente, en criterios que no responden integralmente a la vida.

Como podemos ver, este debate jurídico, sociológico y profundamente ambiental del derecho humano al agua se da en un contexto altamente problemático y de insuficiente respuesta a las necesidades de las personas. Hete aquí la importancia que se establezca una naturaleza jurídica de alta jerarquía legal para el esencial elemento.

La gestión del agua debe estar en manos públicas, democráticas y de intensa participación ciudadana, excluyendo la gestión privada.

El siglo XXI es el siglo del agua. El nuevo Código Civil y Comercial argentino debería dar respuesta a la corriente jurídica latinoamericana, que la recepciona como derecho humano.

El artículo 241 del plexo normativo señalado debe dar respuestas no sólo al artículo 41 de la Constitución Nacional sino también al artículo 75 inciso 22. Para ello el código en vigencia tendría que plantear queel acceso al agua apta para el consumo y al saneamiento es un derecho humano esencial, garantizado por el Estado.

Plantear que es un derecho humano, no una mercancía, otorga derechos de dignidad y de satisfacción a las personas, evita privatizaciones, construye el bien común y hace cultura y pedagogía respecto a que hay esencialidades que están por fuera del mercado. Y tiene que ser así porque nosotros, la comunidad, tenemos valores dados y a construir más allá del mercado o, mejor dicho, por encima de él.